Monólogo (La mujer del ciego)Ensayo sobre la ceguera.
Heme aquí, si, soy la mujer del médico, ¿mi nombre? Eso no importó antes menos ahora, simplemente lo que mis ojos vieron y aún ven ahora, realmente nunca supe el nombre verdadero de aquellas personas pero da la casualidad que eran pacientes de mi marido, un oftalmólogo, quién diría que un medico, y ciego, no iba a ser útil en esa circunstancia y yo me hice pasar por ciega si, por mi esposo, quería ayudarlo, guiarlo, porque sabía que él solo no podía. Y como aguanté en ese lugar, eso ni yo lo sé, solo de acordarme de ese lugar, me da escalofríos, el ver como al principio todo era estable pero después se descontroló por completo, ese lugar un manicomio, como podría creer que el gobierno tenía tanto miedo de que fuera demasiado contagioso, que nos metió en ese lugar que estaba abandonado prácticamente, y recogiendo en una ambulancia a todo ciego que se le cruzara, ese lugar tenía muchos pasillos y camas, retretes y demás como si los locos ya se hubieran acabado, quién diría que estaríamos allí algún día, pero al principio éramos pocos, ya después todo era un caos, solo de acordarme como los más vivos comían más que los demás, a pesar que la comida no alcanzaba, y yo estaba para que eso no sucediera, no era ciega pero no dejaba saberlo, porque sino, quién sabe que hubieran hecho o dicho a lo mejor me hubieran hecho su esclava, tuve intenciones de decir, ¡yo veo! Estuve a punto pero no, no puedo creer como todo eso se volvió un lugar tan putrefacto, el olor insoportable pero me acostumbre, que más podía hacer los soldados no nos dejaban salir, como el ser humano se puede convertir en un animal por completo, ese lugar estaba muy sucio solo yo lo podía ver, aunque pensándolo bien aprovechaba a ver todo cuanto fuera podría ser que en cualquier momento me quedaría ciega. Cuantos días no se pero fueron largos hubieron sospechas de que yo podía ver pero por mi astucia no se dieron cuenta, yo era la que mejor conocía ese lugar, claro veía, pero los demás no lo sabían, les di un par de tácticas para que aprendieran a andar ellos solos, ahí conocí a la chica de las gafas oscuras, el primer ciego, claro el niño estrábico, la mujer del ciego, el hombre de la venda negra, son los que duraron hasta el final junto con mi marido y yo.
Lo peor de recordar es cuando los ciegos de una de las alas tenían un refuerzo de hombres que no permitieron que nuestro grupo llegara hasta la comida, desgraciados, mil veces desgraciados pero pagaron por todo lo que nos hicieron pasar, solo de acordarme que los malditos pidieron mujeres al ver que ya no teníamos dinero, recordar como sus sucias manos se saciaban al tocarme y yo impotente, sin poderme mover, y el jefe, si al mismo que maté, con unas tijeras, si lo maté con mis propias manos, y no me arrepiento, estaba dispuesta a matar a toda costa, esos desgraciados tenían que pagar, no solo por la mujer que murió, sino por lo que nos hicieron a cada una, nos utilizaron como su juguete. No tenía opción habrá sido por instinto dejar esas tijeras colgadas, no se pero llegué a donde estaba el jefe, mientras veía como se saciaba de otra mujer que le chupaba su parte, en ese instante me acordé como me hizo chupar a mi también, apunte a su cuello y le clavé las tijeras. Era su merecido, su sangre corría mientras la mujer se daba cuenta, logré callarla y salir de ahí, nos negaron la comida, vastardos, habían puesto camas como seguridad, una de las mujeres les dio fuego, todo empezó a quemarse cama por cama, ellos se quemaron, gracias a Dios logramos salir de ahí pocos pero salimos, asustados, muy asustados a la espera de los soldados, no sabía que pasaba, sin soldados, ¿Se habrán quedado ciegos?, como cuando estas en un lugar solitario, sucio y apestoso, un mundo destrozado por el mismo hombre, caminé junto con los demás habían ciegos por todos lados, excremento, basura, buscamos refugió, tuve suerte al buscar comida, si, hallé una bodega con comida, salí como pude tratando de que no se diesen cuenta, pudiste llevar comida (mirándose al espejo) Sí lo logré en el camino encontré un perro, un nuevo integrante, así recuerdo que fuimos de casa en casa, conocimos a una señora vecina de la chica de las gafas oscuras, comía carne cruda, ¿Hasta donde puede ser capaz de llegar con tal de sobrevivir?
Que terrible, éramos unos andrajosos, no se compara con esta ropa, solo hasta cuando llegamos aquí que pudimos bañarnos con la lluvia, cambiarnos y comer lo poco que nos quedaba.
Siempre pasaba por mi cabeza el porque no me había quedado ciega, pero estaba preparada para cuando eso ocurriera, había sido fuerte aunque tuve mis momentos de quebrantos, como toda persona, no somos de piedra, sentimos, lloramos, pero debía ser fuerte porque si yo me echaba a llorar ellos se iban a sentir peor, era de darle ánimos.
Pero mi respuesta estaba cerca, la bodega de comida apestaba por los cuerpos putrefactos vomitando por el olor insoportable, nos retiramos y llegamos hasta la iglesia, muy débil pero poco a poco fui recobrando el conocimiento, no podía creer lo que vi todas las figuras de la iglesia estaban con vendas en los ojos, parecía una burla o la realidad, pero cuando vi que solo había una figura que no llevaba vendas pero llevaba los ojos en una bandeja de plata. Es ahí donde analicé esa mujer podría ser yo, ella ofreciendo sus ojos a los demás que no pueden ver al igual que yo pero nunca terminé de comprender como fue que esas imágenes me trataran de decir algo.
Al decirles lo que había dentro todos salieron corriendo el pánico se apoderó de ellos, pobres fue como ver a los ciegos en el manicomio unos caen otros les pasan encima, pero la necesidad es grande el perro que nos acompañó tomo comida, quizás tuvo hambre, mientras nosotros tomábamos lo que necesitábamos, al llegar recuerdo que comuniqué lo que había acontecido todos estaban asombrados pero comimos lo que pudimos y como todas esas últimas noches les leía un libro, todos cuidadosamente escuchaban uno a uno quedaba dormido solo el primer ciego que al no encontrar otra expresión dijo Me quedé ciego, jajaja que novedad pero veía todo negro luego se dio cuenta que ya podía ver y así poco a poco uno a uno me acerqué a la terraza y vi solo basura en las calles y como salían poco a poco las personas felices de poder ver, por un momento pensé que quedaría ciega pero no, todavía veía la ciudad.
Son recuerdos si, pero prefiero decirlos aquí en mi cuarto sola pareciendo loca y no soñarlo siempre, ojala se hayan dado cuenta de lo que yo aprendí…
Ya voy mi amor. (Sale del cuarto su marido le ha hablado)









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